¿Y tú por qué corres?

Seguramente te han hecho esta pregunta cientos de veces y lo más probable es que no te hayas dado el tiempo de pensarla y sentirla profundamente, lo sé porque durante los últimos meses me he dedicado a preguntar a cientos de corredores ¿por qué corren?. Y me siento un poco sorprendida cuando escucho que les gusta correr y no porque no me guste, sino porque creo que es difícil que la gente normal (la no corredora) entienda que nos guste estar agitados, sudados, cansados y con nuestros músculos tensos, dando vueltas en círculos en una pista de arcilla, pasto, tartán o simplemente en las calles de la ciudad, solo porque sí.

El día que de verdad me detuve a pensarlo, estaba en un programa de radio al aire, contando cómo es la vida de los atletas-estudiantes (en ese entonces estaba en la universidad) y compartía la rutina de un día “normal”, que iniciaba entrenando en las pista del Tecnológico de Monterrey a las seis de la mañana y terminaba regresando a CONADE, donde vivía en ese entonces, a las 10:30 pm que regresaba de mis clases.

En el día me organizaba para realizar dos sesiones de entrenamiento, desayunar, comer, hacer tareas e ir a clases y si se podía, ir a terapia o masaje.

Recuerdo el rostro del locutor del programa, cuando vino con la expresión: -Pues entonces si te debe gustar mucho correr. A este tipo de comentarios, los corredores siempre respondemos cosas como: Pues si, sino no lo haría. o alguna cosa por el estilo que reafirme cuánto nos gusta correr. Seguro cuando presumes la cantidad de kilómetros recorridos en el día, o tu última carrera, la gente viene con estas preguntas. Entonces respondí que no. Todos en la sala, sobretodo el locutor del programa, se sorprendió mucho de mi respuesta ¡A la corredora no le gusta correr! dijo, y entonces lo supe… la respuesta fue sincera.

Yo empecé a correr a los 15 años, aún lo recuerdo. Honestamente no me gustaba mucho correr, pero seguí en este deporte porque representaba un verdadero reto para mí. Antes de correr jugaba fútbol y era portera (raro antecedente para un corredor) de una selección femenil, como se imaginarán, siempre que perdíamos era mi culpa (porque no paraba el gol) y siempre que ganábamos se debía a un gol que obviamente no había anotado yo.

Esto me causó frustración y por eso cuando empecé en el atletismo, decidí seguir en este deporte porque descubrí que era algo que dependía de mí y no de otras diez, y que si ganaba o perdía, también era responsabilidad solo mía. Yo siempre me entrené para competir en carreras de pista y aunque corro también algunas carreras en ruta, entiendo perfectamente que a todos los corredores nos une el sentimiento de ir más allá de lo que nuestro cuerpo concibe. Te diré ahora porque corro yo. El día de la entrevista en la radio, fue la primera vez que me detuve a pensarlo. ¿Cómo me va a gustar cansarme?, ¿correr y sufrir?, ¿ir a hacer 15, 18 o 20 kilómetros sola en la montaña? Bueno, ahí te va la respuesta: yo corro por lo que viene durante y después de la corrida.

No puedo evitar odiar ciertos entrenamientos, pero los hago porque me permitirán ser mejor corredora. Hay días que llevo mi cuerpo a cierto límite de cansancio, esfuerzo y dolor que, a la mañana siguiente no quiero dejar la cama para ir de nuevo a torturar mis piernas, ¿sabes por qué lo hago? porque nada se compara a la sensación de logro que trae consigo cada pequeña meta que me pongo: un kilómetro más, un tramo más, ir un poquito más rápido, dominar el paso, etc. Tú sabes de lo que hablo.

También corro por esos días que nada me sale bien, porque esos hacen que disfrute los buenos días y hacen que me cuestione si de verdad quiero seguir intentándolo. La respuesta, por ahora, siempre ha sido la misma, algunas caídas o tropezones me han hecho ser más dura conmigo misma pero aquí sigo luchando y entrenando todos los días para lograr algo que me haga sentir satisfecha, algo que me permita ver a los ojos a todas las personas que amo y me diga al espejo: valió la pena.

Corro porque mi cuerpo es algo completamente impredecible y que el atletismo me ha ayudado a conocer y a controlar día con día. Corro para desconectarme del mundo y conectarme conmigo, corro porque es mi espacio personal, donde el silencio no duele, donde mis pensamientos fluyen mejor. Te podría enlistar más razones. La competencia, es ese momento memorable, único y hermoso donde puedes ver cristalizadas las horas de esfuerzo. Compites contra ti mismo y contra otros que quieren ganar tanto como tú, ¿acaso hay algo más perfecto? Ocho, diez, quince, o mil corredores que saben que tras el disparo de salida, buscarán dar su máximo esfuerzo, ser su mejor versión.

No hay ningún otro lugar donde eso suceda. Para mí, el atletismo más que sólo correr, es vencer los límites físicos y mentales del cuerpo humano combinado con adrenalina, dolores musculares y esa felicidad de conquistar una meta más.. Dicen que nada lo puede explicar mejor que los ojos de un corredor cuando cruza la meta. Uno de mis placeres de la vida, en las carreras de ruta, es cruzar la meta y ver los rostros de los corredores llegando a la línea de llegada. Veo a algunos alzando los brazos en expresión de victoria, a otros sosteniéndose de sus rodillas porque lo han dado todo, haciendo un gran esfuerzo por caminar un paso más para no estorbarle a los corredores que vienen llegando, a otros con una sonrisa de oreja a oreja caminando llenos de sudor buscando a esa persona especial que los espera en la meta, en fin.

Para mí lo mejor de este deporte, es que puedes ganar llegando en el lugar uno, diez, doscientos o en el mil veinticinco. Y aunque algunos corren para ganarle a los demás, me gusta pensar que la mayoría corremos para vencernos a nosotros mismos. Ya te compartí por qué corro, ahora dime y ¿tú por qué corres?

¿Listos para escribir su historia?

21 noviembre, 2019

¿Qué se necesita para correr?

21 noviembre, 2019